Merlo lidera la vanguardia en reinserción: El modelo de agroecología en las cárceles que une a todo el arco político

Compartir

A través de una articulación estratégica entre el Obispado, el Centro de Formación Profesional 401 y el apoyo unánime del Concejo Deliberante, el docente Leonel Damasco transforma realidades en las Unidades 60 y 69. Una apuesta por la seguridad ciudadana y el futuro ambiental que pone al distrito como ejemplo provincial.

En un contexto donde la seguridad y la reinserción social son ejes centrales de la agenda pública, el municipio de Merlo ha dado un paso firme hacia adelante. El proyecto de formación agroecológica dictado en los establecimientos penitenciarios locales no solo está logrando cosechar alimentos en suelos donde antes solo había tosca, sino que está sembrando una nueva oportunidad para quienes recuperarán su libertad en el corto plazo.

La iniciativa, que tiene como cara visible al reconocido docente de Educación Ambiental Leonel Damasco, nació de una propuesta del Obispado de Merlo-Moreno y encontró en la gestión local el respaldo necesario para convertirse en una política de Estado. Tal es el éxito y la relevancia del programa que el Concejo Deliberante de Merlo lo declaró de Interés Municipal por voto unánime de sus 24 integrantes, reflejando un consenso político histórico impulsado por la concejala Patricia Alvez (Unión por la Patria).

De “suelo hostil” a huertas productivas: El milagro de la formación

El desafío no era menor. Los suelos de las Unidades Penitenciarias 60 y 69 presentaban condiciones de extrema dureza, descritos técnicamente como “tosca”, el terreno más difícil para cualquier cultivo. Sin embargo, bajo la guía de Damasco, los internos han logrado revertir esta situación mediante técnicas de agroecología, convirtiendo el esfuerzo físico y el aprendizaje en una herramienta de producción real.

“Son vecinos nuestros y van a volver a serlo”, es la premisa que guía este programa. El enfoque no es meramente productivo, sino profundamente humano: se busca que las personas privadas de su libertad adquieran una cultura del trabajo y del cuidado ambiental que les permita enfrentar el “día después” con un oficio y una perspectiva de vida distinta.

Educación como motor de cambio

Para muchos de los participantes, estos cursos representan mucho más que aprender sobre riego y temperaturas. En muchos casos, significa volver a tomar una lapicera, redactar sus primeros informes y enfrentarse al desafío intelectual de la alfabetización y la formación técnica.

El texto aprobado por el cuerpo legislativo de Merlo destaca el “aporte educativo, ambiental y social” de los cursos dictados a través del Centro de Formación Profesional N° 401 ‘San José’. Este reconocimiento unánime subraya que, más allá de las diferencias partidarias, la gestión de políticas públicas orientadas a la formación laboral es el camino elegido para reducir la reincidencia y fortalecer el tejido social del distrito.

Un modelo para replicar

Mientras los alimentos crecen en las huertas de las unidades carcelarias, Merlo consolida un modelo de gestión que integra a la Iglesia, las instituciones educativas y el Estado Municipal. La agroecología se convierte así en el vehículo para una transformación que beneficia a toda la comunidad: recupera el ambiente, capacita a los ciudadanos y construye un Merlo más seguro e integrado.

Con esta iniciativa, el distrito no solo demuestra que es posible transformar el suelo más árido en vida, sino que la educación es la herramienta política más potente para garantizar una convivencia pacífica y un futuro con oportunidades para todos.

Compartir
Dejar comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *